Suicidio masculino en México: Morir antes que sentir

Si observas las cifras de muertes por suicidio en México, es fácil ver que los hombres son el grupo más vulnerable al suicidio en nuestro país. De acuerdo con las cifras que publica INEGI, en 2017 se cometieron en total 6,556 suicidios registrados, de los cuales 5,323 fueron cometidos por hombres. Esto es, en comparación con las mujeres, en México los hombres se suicidan a una tasa de 4.3 hombres por cada mujer. En ciertos grupos de edad podrás observar proporciones aún mucho más disparejas: En los grupos de 20 a 24 y de 25 a 29 años se suicidan 4.5 hombres por cada mujer, en el grupo de 30 a 34 años se eleva hasta a 6 suicidios de varones por cada mujer. El grupo de 60 años y más presenta la disparidad más elevada, en el que por cada mujer que comete suicidio, se presentan 6.7 casos de suicidios de hombres.

Al comparar las cifras anteriores con las personas que manifiestan haber sentido depresión, encontrarás una correlación entre el número de personas que reportan sentimientos de depresión por grupo de edad, y los casos de suicidios por grupo de edad.

Sin embargo, resulta extraño que al observar las cifras de reportes de depresión, y de las tasas de casos nuevos atendidos por depresión por sexo, encontrarás que son las mujeres quienes más frecuentemente reportan sentimientos de depresión y quienes también con mayor frecuencia reciben atención profesional en este sentido.

Si de acuerdo con toda la información pública disponible, son mayormente las mujeres quienes reportan sufrir depresión o sentimientos y pensamientos depresivos, y son también, quienes con mayor frecuencia reciben atención para esta afección, y es una que está cercanamente ligada a la propensidad a la contemplación del suicidio ¿Cómo podemos explicar que la cifra de suicidios masculinos sea tan desproporcionada en comparación con la de las mujeres? Trataré de explicar mi hipótesis al respecto:

Existen múltiples factores por los que los hombres son tan o más propensos a sufrir depresión y sentimientos depresivos que las mujeres en México, sin embargo la gran mayoría de estos factores difieren muchísimo.

Desde pequeños, los varones son obligados a reprimir sus emociones, frases como: «Los hombres no lloran», «aguántese como hombrecito» y similares, son repetidas a los niños desde muy pequeños. En una sociedad como la mexicana, el mostrar emoción es una señal de inestabilidad y de debilidad para un hombre, de manera que existen solamente dos expresiones emocionales que se les permiten a los hombres que no restan a su masculinidad: alegría y enojo. Esta es la gama completa de emociones que un hombre muestra en México: o estará contento, o estará enojado. Cualquier otra expresión emocional será interpretada como alguno de los «defectos» ya descritos. Así que todas las emociones que un hombre no sabe o no puede expresar serán encerradas bajo llave en lo más hondo de su espíritu, donde nadie pueda verlas, y donde harán cada vez más daño.

Con el lastre de esta bomba emocional que reside dentro de los hombres, no existe la posibilidad de encontrar alivio en la atención profesional, en México atender tu salud mental «es para locos», y cuando se trata de los hombres, ellos «deben poder lidiar con sus problemas solos». Cualquier señal de requerir ayuda es interpretada como debilidad, y un hombre débil en México es «menos hombre», no es un «hombre de verdad», así que pedir ayuda está fuera de cuestión.

Adicionalmente existen mútliples factores psicosociales relacionados con la vida que llevan los hombres que los vuelven más vulnerables a trastornos mentales, de acuerdo con de acuerdo con información publicada en un reporte del Servicio de Investigación y Análisis de la División de Política Social del Congreso de la Unión, la pobreza es uno de los más críticos. Esto tiene mucho sentido: en México (como en muchos países) la identidad masculina está cercanamente entretejida con la capacidad productiva del varón, en este modelo, un hombre vale en medida de lo que provee, y un hombre que vive en la pobreza y no puede ser el productor y proveedor que la sociedad le demanda que sea, vivirá sintiendo que no es «suficientemente hombre». Esto sin mencionar que los casos de impotencia sexual masculina se encuentran cercanamente correlacionados con el desempleo. En la mente del hombre tradicional, si no produce y provee, no es digno de ser «hombre», y su sexualidad que estaba basada en un modelo de dominación se desbarata. Y si no puede desempeñarse sexualmente, entonces seguramente es aún «menos hombre», y esta espiral de destrucción arrastra cada vez más hondo.

En el mismo reporte arriba mencionado detalla que «Varios estudios han demostrado una asociación significativa entre la prevalencia de ‘trastornos mentales comunes’ y el bajo nivel educacional (Patel y Kleinman, 2003). Más aún, un bajo nivel de educación dificulta el acceso a la mayoría de trabajos profesionales, aumenta la vulnerabilidad e inseguridad y contribuye al mantenimiento de un capital social disminuido. El analfabetismo o el escaso nivel educacional y la enfermedad están íntimamente ligados en el ámbito de la pobreza«. Un bajo nivel educativo en un país que ha convertido la educación superior en (prácticamente) el único medio de movilidad social, es una condena a la pobreza, y para un hombre en México, como ya mencioné, ser pobre entra en conflicto directo con la identidad masculina que desea proyectar.

Los hombres mexicanos también presentan una mayor incidencia que sus contrapartes femeninas en el abuso de sustancias, en particular el alcohol. El alcoholismo es una de las afecciones mentales más comunes entre los hombres, y también está cercanamente correlacionado con otros trastornos como la depresión y la ansiedad.

Un reporte elaborado y publicado por el INMUJERES desde 2006 detalla que el factor de orientación sexual también es un factor que eleva el riesgo de cometer suicidio debido a que en nuestra sociedad se da una valoración negativa a las orientaciones sexuales distintas a la heterosexualidad. Detalla que «Un estudio realizado en la Secretaría de Salud (SSA, 2005d) muestra que los grupos de bisexuales, lesbianas y homosexuales tienen más riesgo que los heterosexuales de sufrir algún tipo de trastorno mental, como la depresión, la ansiedad y el alcoholismo. Aunado a ello, estas personas enfrentan diversas formas de opresión, como homofobia internalizada, percepción del estigma por homosexualidad y ocultamiento, que incrementan la posibilidad de presentar la idea de suicidarse

En el mismo reporte del INMUJERES, se mencionan entre los factores del modelo tradicional de identidad masculina que vuelven al hombre propenso a trastornos mentales:

  • Una necesidad de reconocimiento social, siempre en disputa.
  • Condiciones de vida que los impulsa a la competencia y la demostración constantes de virilidad.
  • Barreras culturales para enfrentar pérdidas, derrotas y vulnerabilidades
  • Una identidad que se sustenta en formas de relación basadas en la separación e independencia
  • La violencia como recurso legítimo para dirimir diferencias
  • El cuerpo vinculado a la sexualidad, la reproducción y sus posibilidades de poder
  • La huida y el escape como estrategias de afrontamiento (Guevara, 2005)
  • Se les enseña a estar orgullosos de no mostrarse asustados, no expresar sentimientos de vulnerabilidad, no necesitar demasiado a los demás
  • Aprenden a distanciarse de tal manera de su vida emocional, que se vuelven incapaces de reconocer ciertos sentimientos aun cuando los experimenten y, por tanto, cuentan con pocas herramientas emocionales para superar sus limitaciones
  • Se relacionan con las mujeres bajo la necesidad de control, el temor de ser atrapados o manipulados por ellas y el miedo a no ser suficiente hombre (Guevara, 2005).

Esto no es todo, podría seguir detallando muchos posibles factores que influyen en la alta incidencia de suicidios por parte de hombres en México, pero creo que no es un problema sencillo, es multidimensional y es uno inherentemente cultural. Si queremos que la tasa de suicidios en los hombres mexicanos disminuya tenemos que crear condiciones adecuadas para que un hombre pueda ser y sentirse hombre sin tener que encajar en el modelo tradicional, rígido y tóxico que norma la masculinidad. Como menciona Sergio Sinay en La Masculinidad Tóxica: «Las emociones, los sentimientos, las dudas, los temores, la contemplación, el dolor, la pasividad, la piedad, la compasión, la intuición, observadas desde el modelo masculino que estamos explorando, ablandan, distraen, comprometen el logro de objetivos. Es necesario disociarse de ellas, dejarlas afuera de la identidad de género«.

Los hombres sentimos, dudamos, los hombres sufrimos, lloramos, necesitamos ayuda. Toda la complejidad emocional de un ser humano está tan presente en un varón como en cualquier persona. Debemos frenar la reproducción de paradigmas que dañan a nuestra sociedad entera y que según muestran los números, están llevando a cientos de miles (posiblemente millones) de hombres mexicanos a sufrir trastornos mentales, casi siempre sin ser diagnosticados o tratados. Lamentablemente muchos miles de hombres, que por vivir en la norma social no atendieron a sus emociones, hoy no están más entre nosotros.

Corresponde a todos eliminar los modelos machistas tradicionales, las identidades masculinas tóxicas, adoptar modelos que permitan el libre desarrollo de las personas sin juicios derivados de identidades marcadas por roles de género. En el México de hoy los hombres no expresan cuando están sufriendo, se matan sin esbozar el más mínimo gesto de la pena que los consume. El hombre mexicano prefiere morir antes que sentir.

Las navajas duelen;
Los ríos están húmedos;
El ácido te mancha;
Las drogas causan calambres;
Las armas son ilegales:
Los nudos se rompen;
El gas huele horrible;
Para el caso es mejor vivir.

-Dorothy Parker

Josué Lavandeira – josue_lavandeira@alumni.harvard.edu

Fuentes:
Guevara, E. (2005) Apuntes del curso “Género y Salud”, en Diplomado Relaciones de Género. Construyendo la Equidad entre Mujeres y Hombres, Casa de las Humanidades-UNAM, 8 de marzo al 5 de abril de 2005.
INEGI (2019) Datos – Salud y Seguridad Social – Salud Mental recuperado de www.inegi.org.mx
Organización Mundial de la Salud (2004) Invertir en Salud Mental. Departamento de Salud Mental y Abuso de Sustancias. Organización Mundial de la Salud (OMS). Ginebra, Suiza. ISBN 924 356257
Sinay Sergio (2015) La Masculinidad Tóxica. Penguin Random House Grupo Editorial Argentina. Buenos Aires, Argentina.

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