Desaprendiendo el machismo desde uno

Este texto es uno de los más personales que he escrito hasta ahora, pero creo que justo en este momento, en el marco de una constante discusión en lo público y lo privado, sobre la violencia en que vive el país y la violencia de género que sufren tantas mujeres, es necesario que los hombres hablemos de nuestros machismos, de cómo fuimos adoctrinados por el sistema patriarcal para reproducir estructuras de opresión a través de nuestros «valores» y de nuestros comportamientos. Y, sobre todo, que hablemos de cómo podemos traicionar a este sistema patriarcal, de cómo podemos alejarnos de nuestros machismos y de cómo desde lo personal, desde uno, podemos iinciar un cambio social a gran escala.

Es muy importante reconocernos como hombres machistas para empezar a cambiarlo. De la misma manera en que uno no va al médico a atenderse cuando no reconoce que algo extraño le pasa a su cuerpo, es sólo cuando somos capaces de reconocer los síntomas de una enfermedad, que sabemos que nos pasa algo y entonces buscamos que alguien con mejor conocimiento del tema nos ayude a atenderlo. En este sentido, cuando empezamos a reconocernos como machistas y a explorar señales de machismo en nuestro comportamiento, podemos detectarlo y comenzar a tratarlo en sus manifestaciones.

El primer instrumento es el diagnóstico. Es importante saber qué tan machista eres, usualmente si lo eres, alguien ya te lo habrá dicho, y cómo lo tomes dependerá también de tu nivel de machismo. Pero si quieres otro indicador, da click aquí y sigue esta liga a un pequeño test que te permitirá conocer tu nivel de machismo. Una vez que tengas tu resultado, recuerda que decirte que eres machista, no es un insulto. Todas las personas hemos sido socializados en un sistema machista y tenemos creencias, prejuicios, actitudes, comportamientos, que son machistas y que podemos reproducir de forma consciente o inconsciente, porque hemos sido condicionados para hacerlo. Abandonar tu machismo, es también abandonar muchas ideas preconcebidas del rol que deberíamos jugar en lo público y en lo privado, y esto no es tarea sencilla.

Desde mi experiencia personal, les compartiré algunas cosas que yo he hecho y que me han servido para reconocer mis machismos ejercidos anteriormente, y estrategias que sigo para ir cambiando estos pensamientos, expresiones y comportamientos.

Lo primero que hice fue, como comenté antes, reconocerme como machista haciendo un proceso de introspección y poniendo mejor atención a lo que pienso y digo, y cómo actúo en consecuencia de lo que pienso y digo. Si hacía un comentario como «se puso a llorar como niña», después pensaba: «¿Por qué asocio el llanto abundante con una actitud infantil y femenina?» Y entonces entendía que eran simplemente costumbres del lenguaje que reproducía y que nada tenían que ver con la realidad. Existimos hombres que lloramos más o menos, mujeres que lloran más o menos, y esto no depende de nuestro género. Pero la cultura mexicana nos dice que sí, que los hombres no lloran y las mujeres sí, y entonces si alguien llora mucho, seguro lo hace «como mujer» o «como niña», porque infantilizar y feminizar el llanto, a través del lenguaje, y establecer a estos atributos connotaciones negativas, es una manera de restar a la masculinidad del hombre que llora, y de restar al carácter y credibilidad de la mujer que llora, puesto que si «siempre llora», entonces de seguro que no es nada serio ni merece atención. La supresión emocional es parte del mandato masculino tóxico, y reconocer que muchas veces tenemos y reproducimos conductas que fomentan la nulificación de expresiones emocionales, es parte de nuestro machismo.

Los hombres sabemos que el machismo es negativo, pero nos cuesta reconocernos como tales. Pensamos que, si no somos el arquetipo de macho que golpea a su pareja y la trata en el hogar como su esclava, entonces no somos machos. Esto es un error e implica una amplia ignorancia sobre lo que podemos reconocer como machismo.

Por ejemplo, frases clásicas de nuestra cultura como que «a una mujer no se le toca ni con el pétalo de una rosa» para aludir a que nunca debe un hombre violentar a una mujer, también es machismo. No porque no sea correcto reprobar la violencia de género que puede vivir una mujer a manos de un hombre violento, sino porque decirlo así, implica que el ejercicio de la violencia en los hombres es entonces condonado entre tanto ocurra entre hombres. Es decir, si el varón muestra violencia hacia otro varón para probar que es más macho, entonces no pasa nada, son cosas entre hombres, y solamente cuando ocurre hacia la mujer lo reprobamos. Esto tiene otra implicación: que la mujer es incapaz de ejercer violencia y que el ejercicio de ésta está reservado para los hombres, mientras que ellas serán simplemente víctimas o receptoras de esta violencia, sin capacidad de ejercerla también, de protegerse ante ella, o de rechazarla.

Este tipo de frases, reflejan actitudes que sitúan a la mujer dentro de un paradigma de desempoderamiento y vulnerabilidad. Suman a una narrativa en que la mujer es víctima, es violentable, es violable, es asesinable, y a una narrativa contrapuesta hacia el hombre, que le asigna un rol de victimario, de violento, de violador, de asesino.

Tantos hombres somos violentos porque la narrativa social a través del uso del lenguaje nos construye como tales, a la vez que construye a la mujer como violentable. La construcción de la identidad precaria femenina como incapaz de ejercer o resistir la violencia, y a la vez una identidad precaria masculina que requiere del ejercicio de la violencia para reafirmarse constantemente. Es parte de la discursiva patriarcal que nos forma como machistas.

Así que esto fue lo primero que yo hice: Conocer y reconocer mis machismos en mi lenguaje, en reproducciones del lenguaje socio-cultural que utilizamos en mi país. Esto lo hice en mi monólogo interno y externo, a través del constante análisis y evaluación del mismo. Es cansado, sí, muy cansado estar pensando todo el tiempo en todo lo que dices y en cómo puede ser interpretado, pero después de un tiempo dejarás de tener que hacer ese análisis de forma consciente y será automático. Esto ayuda mucho en todos los aspectos de tu comunicación, al poner más atención a las palabras que usas para poder expresar lo que verdaderamente deseas, y no lo que estás condicionado para reproducir a través de expresiones del lenguaje socialmente popularizado.

Lo segundo fue ponerme a leer, a leer mucho, a pedir recomendaciones sobre lo que debía leer para conocer de qué trata el feminismo, las corrientes feministas y feminismos, para entender de dónde viene el movimiento de mujeres y sus intereses, porque es el feminismo el primer movimiento en este mundo que se atrevió a retar al sistema patriarcal y machista, y como tal, quise entender qué es exactamente lo que significa esto y cuáles son sus consecuencias.

Después empecé a leer sobre masculinidades e identidades masculinas, la verdad es que no hay tanta literatura como en el tema de feminismos, pero esto obedece solamente a una cosa: Los estudios de género los iniciaron las mujeres y por años el monopolio de la lucha de género fue de ellas, no por su culpa, sino porque a los hombres no nos importó. Dejamos que ellas lucharan por retar los roles de género, y no fue hasta que entendimos que nosotros también nos encontramos encasillados en roles absurdos con consecuencias para nosotros, que el tema de la identidad masculina se comenzó a estudiar, y de entonces para acá se van popularizando los estudios de género con enfoque de masculinidades, pero nos hace falta avanzar un montón.

Leer para entender el contexto social en el que vivimos, su origen, las concepciones de los roles de género, las bases biológicas de los sexos, la no binariedad, los pormenores de la construcción social del género, etc. Te ayudará a tener un marco de referencia para saber el fondo de cualquier situación social que acarrea un componente de género, y la importancia de entender el papel de los géneros de las personas y su contexto histórico para su interpretación. De esto se habla cuando se dice que hay que ver y hacer las cosas «con perspectiva de género». A menudo se confunde con pensar que «perspectiva de género» es simplemente respetar la voz, espacio y procurar protección a las mujeres. No compañeros, la perspectiva de género nos incluye a todas las personas y el género con que nos identificamos.

Si deseas comenzar a leer sobre género y masculinidades para ayudar a tu proceso de aprendizaje y auto-conocimiento, acá te dejamos una lista de recursos que hemos compilado para todos los hombres que deseen conocer más del tema.

Lo tercero fue rodearme de personas que sepan más que yo del tema y/o que no tengan miedo de evidenciarte y decirte cuando haces expresiones machistas. La gente más valiosa para mí es la que me paró en seco para decirme: «Eso es muy machista» justo en el momento en el que lo expresé. Gracias a estas personas me detenía a analizar porqué lo que me estaban diciendo era así y en conversación sobre esto con ellas, pude cambiar muchos conceptos y detener muchísimas expresiones machistas.

El miedo a ser corregido es también un miedo fundado en el machismo. Ser corregido nos evidencia como equivocados frente a otras personas, y en una sociedad en la que cometer errores se asocia con ser incapaz, un hombre que comete errores es un hombre que no es confiable como productor y proveedor, porque podría interpretarse como un indicador de no ser confiable en el trabajo, lo cual resta socialmente de la imagen masculina. Es por ello que el hombre hará todo por ocultar su ignorancia y no ser evidenciado en ella o corregido en público (¿alguna vez han visto a un hombre perdido evitar pedir direcciones?).

¡Olvida la vergüenza asociada con la ignorancia! Abraza tu ignorancia y acepta ser señalado y corregido cuando tus actitudes, comentarios o acciones van cargadas de machismo, e ignoras realmente el porqué del señalamiento. Entre mayor sea tu aceptación de tu ignorancia, mayor será tu oportunidad de comenzar a repararla, recuerda que no es tu «culpa» haber tenido una crianza machista, pero sí es tu responsabilidad reconocerla y corregirla. Pero ten cuidado cuando sientas que ya sabes mucho o que comprendes plenamente el tema. Nunca dejamos de ser ignorantes, nuestros conocimientos siempre estarán incompletos y siempre tendrán que ir evolucionando, y rodearte de gente que rete esos conocimientos de forma constante será de vital importancia.

¡Ten mucho cuidado! No estoy diciendo que te rodees de feministas para que ellas sean quienes tengan que decirte cuándo y porqué eres machista, NO ES RESPONSABILIDAD DE ELLAS EDUCARTE en el tema de género y mucho menos en temas de hombres y masculinidades, que corresponden a los hombres. Es única y exclusivamente responsabilidad tuya, leer, investigar, educarte, mejorarte y contribuir desde tu trinchera a la anulación del sistema patriarcal. Sanarte de tus machismos no es responsabilidad de nadie más que tuya, busca tus propios medios, busca grupos de apoyo o círculos de discusión de hombres para estos temas, busca grupos en redes sociales, pide libros, lee los recursos disponibles en mejoreshombres, etc. No podemos dejarles a ellas también la tarea de tener que educarnos, bastante han hecho ya con educarse ellas y hacernos ver los machismos que ejercemos sobre ellas.

Personalmente, en muchas ocasiones yo busqué el consejo y apoyo de muchas amigas, y debo decir que también me doy cuenta que en ocasiones debí buscar primero respuestas por mi cuenta y dejé en ellas la responsabilidad de señalarme, orientarme y educarme. (Acá quiero hacer un paréntesis para agradecer a todas las personas que me han ayudado a señalar estas expresiones en mí y para pedir una disculpa por responsabilizarlas así de mi educación. No las nombro porque me parecería injusto olvidar a alguna, pero ellas saben bien quiénes son).

Lo cuarto fue aprender a reconocer y retar mis privilegios masculinos. Esto a menudo genera discusión divisiva entre los hombres, sobre todo de quienes no han podido aún reconocer los suyos, porque les diré algo importante: El privilegio es invisible para quien vive en el privilegio.

Por ejemplo: Cuando has pasado tu vida luchando por conseguir ciertos objetivos, tu enfoque estará fijo en alcanzarlos, y cuando los logres, pensarás que no has tenido ayuda de nadie, que nadie te regaló nada porque fue tu trabajo duro lo que te permitió lograrlos, y esto seguramente será cierto. Sin embargo, a menudo no consideramos las condiciones que nos permiten acceder a través de nuestro trabajo a estos objetivos. Es decir, es posible que mucha gente tenga objetivos similares a los tuyos, pero que nacieron en una casa en donde su padre y madre (si es que los tuvieron) eran pobres, y no pudieron darles acceso a una educación. No tener acceso a una educación, no les permite a muchas personas poder desarrollar sus capacidades y utilizar su trabajo intelectual para conseguir esas mismas metas con las que tú soñabas, y por más duro que trabajen también, probablemente no tendrán acceso a las oportunidades que tú pudiste tener. Este acceso a esas oportunidades se llama «privilegio».

En un mundo tan desigual, si tienes una licenciatura o acceso a estudiarla, tienes privilegios. Si tienes educación privada, tienes privilegios. Si nunca te faltó casa, abrigo, comida, tienes privilegios. Si tienes transporte privado tienes privilegios. Si tienes dinero para pagar siempre tu transporte público, tienes privilegios, si tienes padre y madre, tienes privilegios. Si nunca sufriste violencia, tienes privilegios. Etc., etc., etc. Para hacerlo más simple, considera esto: Cualquier condición personal, que no sea una elección propia, y que afecte a una proporción importante de personas, y de la cual tú no te hayas tenido que preocupar y ocupar en tu experiencia de vida, es un privilegio.

Una vez dicho esto, los hombres tenemos privilegios solamente por haber nacido con genitales masculinos. Ser hombres nos da acceso a incontables privilegios que damos por descontados y que hemos normalizado en nuestra cultura como inherentes a nuestro sexo, sin darnos cuenta de que es un sistema social patriarcal el que nos confiere estos privilegios, porque como lo mencioné, usualmente el privilegio es invisible para quienes vivimos en él, y usualmente no lo notamos hasta que nos privan de él. De la misma manera en que no notamos el oxígeno que respiramos hasta que nos falta.

Para citar algunos ejemplos de estos privilegios: Cuando eres hombre no sientes miedo si caminando en la noche cruzas con una mujer o con un grupo de mujeres, no te preocupas de que vayan a intentar violarte si bebes demás. En el trabajo no te pagan más ni te niegan posibilidades de promoción simplemente por tu sexo, etc. Reconocer estos privilegios como tales, es un primer paso para retarlos, denunciarlos y renunciarlos.

Lo quinto fue desaprender conductas de machismos implícitos en conductas, que, aunque uno puede pensar que no es machista, porque lo hace con personas de cualquier género, en realidad sí lo son. Yo a menudo hago mansplaining y manterrupting, y hay quien me ha dicho que no es machista porque a veces expreso condescendencia en mi tono al explicar las cosas con toda la gente, no solamente con mujeres, y porque interrumpo a todas las personas, no solamente a las mujeres. Y están equivocados. Están equivocados porque tener una conducta reservada para los hombres que externa una crianza masculina patriarcal tradicional, y que ocurre socialmente de forma sistemática , es evidentemente machista.

Al inicio de 2019 tuve solamente un propósito de año nuevo: Dejar estas conductas por completo. No lo conseguí, así que siguen siendo dos de mis propósitos (ahora tuve más) para 2020. Pero lo que quiero decir es que desaprender conductas es sumamente difícil, que aun cuando nos eduquemos y tratemos de ser conscientes de nuestros comportamientos machistas, a veces (sobre todo en situaciones de alto estrés o en discusiones apasionadas) saldrán a flote porque están embebidos en nuestro carácter desde el origen de nuestra crianza patriarcal.

¿Se pueden desaprender estas conductas? Sí ¿Cuesta muchísimo? Sí ¿Debes desanimarte o rendirte y decir «es que así soy»? No. Si te tomó 10, 15, 20 años aprender y reforzar estas conductas ¿Por qué pensarías que en pocos meses o años podrías deshacerte por completo de ellas? Sé paciente contigo mismo, no te castigues por recaer en estas conductas. Es mejor disculparte con quien las recibe y analizar conscientemente si existe algún disparador emocional que provoque que caigas nuevamente en estas conductas.

Lo sexto fue aprender a callarme. Y es que cuando les digo que no hay «cura» lo digo por experiencia personal también. He aprendido a callarme más, mucho más, para poder escuchar más. Pero todavía a veces me encuentro a mí mismo hablando sobre cosas que no me corresponden en tema de género. El privilegio masculino de la opinión (y de que la tomen en serio).

En más de una ocasión me he encontrado a mí mismo corrigiendo a una mujer y explicándole lo que es el feminismo, porque… ¡Claro! Lo que necesitaba escuchar ella es justo a otro hombre más diciéndole cómo ella no sabe nada ni entiende nada de mujeres, y que debe escuchar de un hombre la explicación de la opresión que ella vive de nosotros y cómo la vive.

Me repito lo mismo que te acabo de decir arriba: No te castigues, simplemente entiende que hay momentos y espacios para hablar ciertas cosas, y que la charla del feminismo y de las mujeres, les corresponde a las mujeres. De la misma manera, la de las masculinidades y la identidad masculina nos corresponde a nosotros, y ya es hora de que nos hagamos responsables de atender esta conversación.

Y séptimo: Procuro no invadir sus espacios. Como ejemplo: las marchas y protestas feministas son de, por y para mujeres, nada tienen que hacer hombres en una protesta contra la violencia que viven las mujeres de parte de ellos y para expresar el miedo que sienten justo de ellos. Así que no voy. Ayudo a difundir las convocatorias y expreso mi apoyo a las mujeres que desean asistir, pero a menos que una de ellas me pida que la acompañe por una causa que me parezca válida (y aun entonces debes buscar espacios mixtos y no figurar), no lo hago.

Es como si un número absurdo de hombres estuvieran muriendo envenenados al ser picados por escorpiones y entonces los hombres organizamos una marcha para expresar nuestro miedo a los escorpiones y exigir que el Estado tome mejores medidas para protegernos de los escorpiones. Y entonces salen escorpiones «aliados» que quieren marchar a tu lado para demostrarte que también hay escorpiones buenos y que #NoTodosLosEscorpiones son malos, y que esto no es de hombres contra escorpiones, sino de «hombres y escorpiones buenos contra hombres y escorpiones malos», y a recordarte que también hay hombres que aplastan escorpiones, y que las leyes protegen más a los hombres que a los escorpiones, y que los escorpiones a veces se matan entre ellos también… ¿Ves lo idiotas que nos vemos diciendo esas cosas? Afortunadamente los escorpiones no son tan violentos ni tan tontos como algunos de nosotros.

A veces lo mejor que puedes hacer para apoyar a las mujeres, es callarte la boca, es educarte, es retar tus privilegios como hombre, es discutir entre hombres cómo nos crían como seres violentos, cómo podemos ser emocionalmente más expresivos, cómo cambiamos nuestro propio paradigma de identidad.

Y si en verdad quieres involucrarte en la lucha de ellas y apoyarlas, hazlo desde las políticas institucionales: Exige que en tu lugar de trabajo se les pague lo mismo que a nosotros por hacer los mismos trabajos, que tengan las mismas oportunidades de contratación y de crecimiento, que haya mujeres ocupando cargos directivos, que den licencias de paternidad para que puedas dividir con ella las responsabilidades del hogar y la primera crianza al tener hijxs, etc. Exige a tus legisladores que les garanticen sus derechos, que pasen leyes que obliguen a las empresas a cumplir con estos mandatos, que les otorguen el derecho de decidir sobre su salud sexual y reproductiva, que se investiguen y castiguen los crímenes de violencia contra ellas, etc.

Espero que mi propia experiencia pueda ser de utilidad para ti y te ayude en tu proceso de de/re-construir tu identidad masculina de forma que puedas ir deshaciéndote de tus conductas machistas.

Josué Lavandeira – josue_lavandeira@alumni.harvard.edu

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